
Este ingeniero aspira a comprar casa algún día, pero ahora mismo lo ve imposible porque la renta mensual consume buena parte de su sueldo: “Los precios suben más rápido que mis ahorros”, resume.
La ley estatal de vivienda sitúa las “condiciones asequibles” de la vivienda en el 30% de los ingresos del hogar. Es decir, no destinar más de ese porcentaje a todo lo que supone la casa. Un cálculo aproximado (la norma habla de ingresos netos y contempla no solo el pago de la renta o hipoteca, sino de suministros básicos como agua o internet) apunta a 2016 como un momento clave en la encrucijada de la vivienda.
Y toda la demanda no satisfecha en la compra, alimentada por la continua creación de nuevos hogares —con el chorro extra que ha supuesto en los últimos años la llegada de cientos de miles de personas del exterior para atender las necesidades del mercado laboral en una economía que crece muy por encima de sus semejantes— ha complicado más las cosas desde el punto de vista inmobiliario